Juanjo, la historia increíble de Juanjo ha dado muchos giros durante todo estos años en los que no he escrito por aquí, sin embargo, a pesar de las desgracias nosotros volvimos a recuperarnos.
Quizás lo que pasó ayer fue un poco lo que pasó en aquel febrero, en aquel parque. Quizás no te lo haya dicho nunca, pero contigo yo también siento paz. Me olvido de todo, me olvido del mundo hasta de mí cuando estamos juntos. Sin nada más que necesite.
Hace unos meses yo ya sentí que la cercanía que habíamos vuelto a tener conllevaba unos riesgos. Sabía que cada vez estábamos caminando más por esa línea, ese pequeño paso que hace que de pronto tu mejor amigo sea quizás algo más.
Después del desgarro de la pérdida de su padre, después de un año después de yo vivir un ciclo parecido sentir que se repite la historia. Sentir que voy a volver a meterme en una tormenta, en un dolor que no se puede curar con compañía en ese sentido, porque no puedes ser parche. Porque no puedes hacer ningún tipo de torniquete parecido que haga que deje de sangrar la herida pero nos destroce después a los dos.
No sé si es el sentimiento quizás de soledad, el saber que seríamos felices por otro lado, sin pensarlo dos veces. Por otro lado, la seguridad que en este lugar está la certeza de que la niña que comenzó este blog se habría deshecho por ese beso. Y la chica que ahora soy en cierto modo tampoco quería irse... pero una voz dentro de mí no quiere provocar más destrozos.
Soy un desastre natural, sé que tiendo a la autodestrucción y realmente te quiero mucho más que un simple desliz de verano, que hacer tonterías para mañana arrepentirme. No quiero que pase eso, no quiero salir corriendo y desaparecer como siempre hago, porque en cierto modo siempre tuve miedo de quedarme, que sé lo que pasa cuando me entrego. Que sé que el amor es un arma de doble filo, primero se clava sin darte cuenta y no duele pero luego ocurre que pierdes fuerzas, que te entra el miedo y sales corriendo, dejando ahí puñal, clavado, y cuando se mueve por el tiempo es cuando empieza a doler de verdad, cuando sientes realmente que algo se había clavado dentro.
Eso es lo que no me gusta de crecer, que solo ves cómo se queda todo cuando la vela se consume.
Me conoces tanto que todas estas palabras están de más, que sé que sabes quererme, me lo has demostrado los últimos meses. Sé que te quiero bien.
Lo he dicho siempre, y aunque quizás nunca hayamos a estar del todo, aunque cada uno haya desaparecido mil veces siempre volvemos. Es muy extraño esta sensación con mi mejor amigo, no sé si soy capaz de aceptarlo y asimilarlo.
Ayer lloré muchísimo, lloré como hacía meses que no lloraba, no era de tristeza, no sentía que hubiese sido algo que no debería pasar. Simplemente sentía que de nuevo nada llegaba en su momento, que otra vez la vida es tan caprichosa que hace que todo se vuelva de otro color, que entiendas las cosas diferentes. Y antes de seguir más adelante prefieres caminar, pensar, reflexionar y hacer las cosas bien antes de cometer un segundo error.
Últimamente, ya lo sabes. Todos los consejos que un día pude darte ahora son los que intento seguirlos yo.
Que soy de las que piensan que hay que vivir el momento, que sólo tenemos este instante y por eso pasó todo. Sin embargo, también aprendí a ser justa, a intentar ser lo más honesta posible conmigo misma y con el mundo.
Y para ser honesta, contigo estaba segura pero no estoy segura de mí.
Por eso no pido tiempo, pido que pase el tiempo, que los días lleven a cada uno en su viaje a vivir.
Y sobre todo quiero que vivas.
Mucho, que vivas mucho y entero. Que una frase entendí hace poco, y es que el río, aunque siempre sea diferente y nunca volverá a ser igual. Nunca dejará de ser el mismo, esa es la unidad. Somos un todo, en general el mundo es un todo concreto, un telar de historias que a base de momentos vamos tejiendo.
Y aunque exactamente ahora no podamos entender su sentido... llegará un día en el que podamos comprenderlo.